Soberbia

2014-0817 | El tema de la represión en Chalchihuapan del pasado 9 de julio, es el que más reuniones ha provocado de los responsables de la Secretaría General de Gobierno y la Secretaría de Seguridad Pública, en donde se dice que los dos personajes presentaron su renuncia que no fue aceptada por el mandatario estatal, Rafael Moreno Valle Rosas.

Fuentes cercanas al mandatario afirman que no acepta la renuncia y sostiene que no fue una bala de goma lanzada por la Policía Estatal, sino por un cohetón detonado por pobladores de San Bernardino Chalchihuapan, en donde fue asesinado asesinado el niño José Luis Tehuatlie Tamayo.

Para líderes de diversos partidos aliados al gobierno morenovallista la actitud del mandatario es de soberbia, que lo esta llevando a una de sus peores crisis política y credibilidad, ante el posible electorado que lo impulsaría a ser candidato presidencial.

Moreno Valle no está dispuesto a aceptar el más mínimo error, ni mucho menos un poco de responsabilidad ni un ápice de culpa por la muerte del niño y el desastroso desalojo de pobladores de Chalchihuapan, en el cual los lugareños pudieron exhibir en redes sociales la brutalidad policíaca de la que fueron víctimas.

La lluvia de vídeos difundidos por el gobierno del estado puede observarse la superioridad de elementos de protección y represión  que tenían los cuerpos policíacos. En dichos videos se ve a policías equipados con cascos, rodilleras, chalecos antibalas, escudos, toletes, armas, equipos de comunicación, vehículos, asistencia médica y un helicóptero que hacen frente a grupos de campesinos que solo tienen piedras, palos y cohetes que no sirven de mucho, pues vuelan hacia el cielo y no a nivel de tierra.

Y se aprecia como los policías muestran un alto grado de torpeza e impericia, ya que ellos mismo se echaron gas lacrimógeno y no actuaron de manera compactada; además, se aprecia que no se limitaron a desalojar la autopista Puebla–Atlixco, sino que se subieron a un puente a continuar la refriega contra los campesinos, mujeres y niños que ahí estaban presentes.

Lo errores no acaban ahí. El gobierno del estado guardó silencio por varios días después de la represión, y cuando dio su versión Luis Maldonado ya la credibilidad del gobierno estaba por los suelos y ya nadie creyó en las fantasías de que había estrategias castrenses entre los pobladores de Chalchihuapan, así como infiltrados y piedras de “grueso calibre”.

La versión de que al niño lo mató un cohetón y luego una onda expansiva de una gran explosión, y que pudo ser un atentado de los campesinos reprimidos, recibió en las redes sociales un trato de historia infantil, inverosímil y absurda. Más tarde, el mal manejo de la información del estado de salud del niño José Luis Tehuatlie Tamayo, así como el atípico comportamiento de la Procuraduría General de Justicia en el levantamiento del cadáver, la forma obscura como se le practicó la necropsia y la muy retrasada entrega del cuerpo a la familia vino a incrementar el repudio contra el gobierno.

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